ene 28 2019

66 años existiendo en mis vidas

Celebramos los años cumplidos, ya vividos, ya concluidos. Pero por todo el año siguiente insistimos en que la edad ya agotada es la edad que estamos viviendo.

La realidad es que consumados los años -que ya hemos vivido- aquello que comenzamos en el siguiente año es el tránsito y el andar por la edad nueva: día a día, mes a mes, hasta llegar a otro ‘año cumplido’

De este modo, hoy cierro (termino) mis 66 años; y mañana será el primer día de mis 67… luego un mes, varios meses…hasta otro onomástico de consumación: así, hasta que no venga el  día inexorable en que mis pasos entren bajo  los umbrales de la impostergable muerte.

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Este Blog personal nace el año 2009 como efecto de un hecho especifico: mi detención, por parte de la Policía de Investigaciones de Chile, en el aeropuerto de Santiago, llegando de Iquique, debido a  una vieja orden judicial de diciembre del año 1986, que me relacionaba con el atentado en contra de Augusto Pinochet, acaecido en la Cuesta Achupallas, el 7 de septiembre de l986.

Luego de pasar una noche en una celda en un cuartel de la PDI, bajo un trato decente en donde mis derechos fueron respetados, fui trasladado, esposado y bajo custodia de tres policías armados con metralletas, ante el Juez Solis.  A las tres  horas estaba en la calle, libre por falta de prueba y evidencias insuficientes. Toda la batería de acusaciones en mi contra provenía de declaraciones de personas sometidas a tortura.  (Ver en este blog: ‘Los  golpes de cola del dragón’ 25 de mayo 2009)

Ese hecho- la detención del 2009- puso ante mí una realidad: que a pesar de que mi vida actual, (desde 1991) ha tomado severas distancias de mi otra vida:   aquel pasado no se iría jamás, porque hace parte de esta misma existencia[RUV1] ;  y mi persona había transitado por esas veredas; y a pesar de hallarme hoy en avenidas distintas y distantes  no puedo soslayar una realidad que de no enfrentar -o tratar de obviar – podría ser usada en mi contra bajo la acusación de pretender esconder una verdad de la cual sí hice parte.

Por esa misma razón es que ahora culmino estos 66 años de vida -entrando a mis 67 años- escribiendo las memorias de mi vida pasada en esta existencia. Comencé a rememorar y escribir a mitad del 2018 y espero terminar antes de entrar al segundo semestre del 2019 (junio, tal vez)

Entiendo la perplejidad y las demandas de quienes me ubican en mi vida pasada- de política y de combatiente- en relación y comparación con mi vida nueva – actual- que rechaza la violencia y apunta a la espiritualidad como factor preponderante y modo de vida.

Y puedo comprender a quienes hoy comparten este camino espiritual tan alejado de los seudo valores mundanos, y vienen a saber de una parte de mi existencia…antes de que asumiera esta senda actual… que, desde el esquema impertérrito  y el estático paradigma, simplemente podría resultar, al menos, ‘extraño’ o ‘curioso’ o ‘contradictorio’.

Vívido los cambios  desde la riqueza del ser humano… que ‘existe’… nada puede ser raro o insólito: toda existencia es un camino, y todo andar es diferente; y justamente la riqueza del humano está en que siendo todos-as  personas: somos todos espíritus con Indoles y trascendencias particulares, propias, y en cada Ser se desarrolla un pequeño universo que solamente quién lo vive lo conoce, y se conoce realmente; algunos lo descifran en sí mismo, otros nunca lo entienden; algunos hallan sus claves y trascienden; otros nunca llegan al corazón de su nacimiento.

Hay Causas que nos traen a este mundo, en un tiempo definido, nacidos en una familia determinada, bajo circunstancias dadas, en épocas que no son casuales; y hay razones que nos hacen ser como somos, y poseer los dones, capacidades y talentos que nos son naturales. Y se nos entrega Discernimiento e Inteligencia para Gobernar lo que somos, y gobernarnos en el tiempo en que vivimos, y lidiar con las luchas que debemos enfrentar.

Hay aspectos que no controlamos, y que conforman el entorno que nos toca vivenciar y experimentar. Pero al crecer en Conciencia y en capacidad para Discernir: al final seremos – y somos – aquel Ser Humano hecho según nuestras propias Decisiones, viviendo por lo que Optamos; y recorremos huellas y sendas de acuerdo a  nuestras Tomas de Decisiones que marcan nuestro andar por este pasaje de existencia.

Mal podríamos juzgar -por ejemplo- a una persona nacida en medio de la guerra y condenarle por sus costumbres de sobre vivencia extrema. Ahora, ese Ser, dado que posee la Inteligencia y el Discernimiento para cambiar sus modos de vida cuando la guerra sea superada y  él mismo viva en otra realidad y bajo otras condiciones: entonces podrá superar todo lo concerniente y derivado de la guerra y sus circunstancias, y CAMBIAR su vida según su nueva realidad y proyecciones.

Tanto los malos juicios discriminatorios y parciales, como la escaza capacidad de cambiar cuando la realidad muta: son factores que hacen la diferencia.

Muchos de los contextos que nos van formando desde nuestra infancia: realidad familiar, situaciones sociales, ambientes y relaciones…no dependen de uno: debido a que siendo aún infantes no poseemos la capacidad de discernir, de optar, y no tenemos el poder para determinar nuestra realidad. Y mucho de lo que somos se genera en ese plazo tan delicado.

No tenemos probabilidad, en nuestra niñez, alguna para cambiar épocas y niveles culturales y situaciones políticas imperantes: hallándonos en nuestra infancia somos receptores y/o victimas, pero nunca agentes de cambio en capacidad de determinar, y menos cambiar, o participar con conciencia, en la realidad que nos circunda y a veces nos arrastra.

Mi generación – por ejemplo- no es culpable de la guerra fría. Nací escuchando a los mayores que el comunismo se comía a los niños y quería eliminar a Dios. Mientras que por otra parte oía de atrocidades y persecuciones en contra de obreros, campesinos, mineros…y sabía de muertes en las calles y veía a mi padre en huelga, y convivía con comunistas cercanos que no comían niños y que estaban disponibles para hablar de Dios.  No era algo que yo pudiera manejar. Nada dependía de mí. Era solo un niño que escuchaba y atendía.

La crisis de los misiles en Cuba (1962) despierta en mí una angustia inusitada: mis tíos por parte de mi madre y mi abuela andaban nerviosos, pálidos y preocupados: decían que estábamos a punto de caer todos bajo bombas atómicas comunistas. Entonces otro tío, socialista, y mis amigos de la familia Maturana, (del PC) me decían que eso era una tontera. Que la URSS era una ‘nación de pura paz’.

Mi primo Jorge, el mayor de muchos primos y primas, era un militar, de la Fach, y volviendo de su capacitación en la escuela norteamericana  de Panamá se le hizo una fiesta familiar, y él, -muy cariñoso con el más pequeño de los primos (yo) -me trajo un regalo: un juego de mesa en donde se enfrentaban la URSS y los EEUU, y el propósito lúdico era que ganara los buenos…los EEUU. Y me dijo: ‘Ricardito, no seas nunca comunista…eso es muy malo’.

No depende de los niños y niñas aquello que sus padres deciden, -o como viven entre ellos su relación-, y sólo reciben los hijos e hijas el efecto de las buenas o malas resoluciones y comportamientos de sus progenitores. Y sin embargo lo que ellos hagan o dejen de hacer definirá en tanto  la existencia de su prole.

¿Soy responsable de haber comenzado a trabajar desde muy temprano? No. Claro que lo hice en la fabrica de un tío, pintando los maderos de somieres y muebles, pero era un trabajo arduo para un niño de 13 años. A los 14 cambié de oficio: ahora era ayudante en la labor de pintar casas. Don Hernán Maturana era contratista y me agregué a sus hijos en la labor de la pintura. Ganaba bien. Estudiaba en la mañana y trabajaba en la tarde, a veces hasta bien entrada la noche. Es la misma edad en la que comienzo mi militancia política en las Juventudes Comunistas.

Mi madre, ya separada de mi padre, se vuelve a unir en pareja: yo  tenía 16 años. Y el apoyo que pudimos recibir, (mi hermano mayor, mi segunda hermana y yo), de su parte, se diluye. Ahora sí estaba por mi cuenta (o más bien: ahora sí asumía mi condición) Y se venían años definitorios en mi país (1970): y yo tenía participación, y desde entonces soy responsable de mis decisiones… acertadas o erradas. Desde entonces lo que fue o no fue mi infancia, y aquello que me tocó vivir, ya no definían mis acciones y mis decisiones: ahora yo asumía mis opciones en el terreno que otros abonaron, es cierto, con vacíos y dolores que otros inculcaron, es verdad…pero justamente la madurez- y el camino hacia ésta- consiste en tomar sobre sí mismo la responsabilidad de las propias decisiones.

Los Hombres- varones y mujeres por igual-  ante el tiempo e historia que nos toca vivir: decidimos si participamos o somos simples observadores. Los peores son los que opinan y hablan, teorizan y dan recetas, pero escapan de la acción y rehúyen de los compromisos. De esos está lleno la política, la religión …y la vida.

Yo decidí participar y tomar decisiones.  Y eso deja a uno  siempre expuesto a los juicios de los observadores y de  los cobardes bien resguardados detrás de sus pretextos. Y esa forma de proceder -participar en lo que creo-  nunca cambió: incluso cuando debí abandonar la vida anterior (política) y asumir la nueva Espiritual.

Comprometerse y participar es un principio de acción que venía conmigo de otras existencias.

¿Que se cometen errores? ¡por supuesto! ¿Que se toman malas decisiones? ¡claro que sí! ¿Qué hay momentos de dudas? ¡menos mal! ¿Qué se pasa por tiempos de reposo y reflexión? ¡Gracias a la vida! ¿Qué se hace lo que nos hace coherentes? ¡esa es la gran razón de mi vida!

Los juicios fáciles que alzan, con dejos de frescura e inmoralidad, quienes siempre están disponibles para arrogarse el rol de jueces de otros: no me inquieta y considero tales peroratas un fastidio de la baja cultural del cahuín y de  la vulgaridad intelectual

Y no hablo de aquello que los jueces acérrimos e infalibles determinan sobre aquello que es congruente o su contrario: no. Me refiero a que aún en la opción que conduce a malas experiencias o a momentos de fracaso… debe haber consistencia: porque lo único que puede conducirnos a corregir, a arrepentirnos de verdad, a perdonar y pedir perdón, a aprender y crecer, y atesorar la experiencia cuan escuela de vida para ser mejor persona…es precisamente la Coherencia.

Y no toda Decisión será buena, y no toda opción será la correcta, pudiendo ser todo lo contrario. Lo importante es saber corregir, saber analizar los hechos con espíritu crítico, llegar a la raíz del arrepentimiento y a la esencia del perdón. Sólo estos factores nos llevarán a aceptar los CAMBIOS; y en el movimiento de la vida sabremos optar nuevamente y decidir siempre más de acuerdo con nuestro Logro como Ser Integral… y no cuan persona fragmentada, desasociada, quebrantada y parcializada.

Tomé malas decisiones en ciertos periodos: por ejemplo, en el paso por mi mayor oscuridad transitando por los años 88-89-y mitad del 90.  Tarde entendí que debí proceder de otro modo, y que tuve ante mí otras alternativas claras que llamaban a recorrerlas. Fue el tiempo de descenso a mis infiernos, y vi la faz de mis demonios, y de mí salió todo lo oscuro que no sabía que me habitaba en estado latente.¿Debemos pasar por los abismos para hallar la luz? Sí, definitivamente.

También tomé muy malas decisiones bajando de la montaña-(donde viví mi transformación entre el 21 de diciembre 91 y  el 4 de marzo 92)- iniciando esta nueva vida, entre finales de marzo y el mes de agosto del año 92: permití enredar mi pasado con lo nuevo… y eso fue un desastre del cual fui sacado abruptamente (¡gracias a Dios!). Pero como consecuencia de esos errores: vino enseguida el año de retiro- en la zona de Pichidangui-  que consolidó este camino maravilloso que hoy tránsito.

Sólo si aceptamos la experiencia del descenso a lo bajo – (sin pretenderlo ni buscarlo… simplemente aceptarlo cuando aparece en nuestra vida…)- aprenderemos a distinguir la luz de las tinieblas.

Porque ya hallándome en esta nueva vida- en esta existencia- y justo cuando más fervor me inundaba el alma, y la alegría de esta senda me hacía tocar el Cielo cada día, recibí una dadiva que inundó mi Ser de esperanza y desafío: un hijo, mi hijo (1999). Sin embargo, aquella luz sería combatida por lo más bajo de lo humano: fueron los años más difíciles y delicados de un paso por un largo túnel de recelos, litigios, sospechas e ira que logré sobrellevar y vencer poniendo en la practica todo aquello que La Sabiduría (mediante el Oráculo de los Santos y Sabios, el I Ching), me había mostrado y enseñado. Y porque tenía a un Cristo Vivo con el cual dialogar: pude pasar por ese laberinto de odiosidades… y salir incólume.

Pero nunca debemos bajar la guardia: porque cuando más nos sentimos seguros, cómodos y asentados…más peligroso se torna el camino. Porque nos ponemos flojos, displicentes y poco receptivos.

Pero ya me siento viejo en esto de pasar por los abismos; este cierre de 66 años me pilla agotado  en mi cuerpo físico. Y habiendo conocido mis demonios, venciéndolos, puedo ahora reconocer los demonios de (en) otros-as.  Y puedo enseñar a quienes de verdad quieren vencer: a derrotar démonos y arcontes; pero nada puedo hacer si quién debiera desbaratar a sus entes, por el contrario, resguarda sus bestias personales y opta por vivir con sus infiernos intactos. Nadie salva a otro-a; cada uno debe dar su propia batalla.

Yo sólo comparto, enseño, muestro, transmito, informo y formo.

Nunca nadie ha trascendido por obligación, por deber o con todas sus noches a cuesta. Es necesario querer, tener la firme voluntad de optar por la luz, buscar salidas hacia las alturas…ser persona de Voluntad y Rigor… pues no hay maestría que eleve sin participación comprometida del discípulo-a.

Entonces aprendí que la honestidad es coherencia, y parte vital de la coherencia es la honestidad.

Reconocer tus errores, entender de qué arrepentirse y asumir las causas que empujan a tales malas opciones: inevitablemente conducen a lo bueno de las malas decisiones: y lo oscuro entonces también trae algo de luz.

Lo oscuro tenderá a las tinieblas sin este espíritu crítico, sin  esta disponibilidad al cambio, y la aceptación de la propia imperfección, y la prontitud interior a la corrección. Lo oscuro entra en lo tenebroso con el empuje de la porfía, la obcecación, la ira, el egocentrismo, la vanidad, el orgullo, la autosuficiencia, y la incapacidad para aceptar el cambio. La luz siempre aparecerá en medio de la oscuridad si hay en uno mismo esa disposición al cambio, al aprendizaje, a la rectificación y a la mutación.

La Coherencia no es aquello que nos hace bellos y perfectos: la Coherencia es aquello que nos hace Justos y Rectos aún en el error, en la mala opción y en la oscuridad. La Coherencia exige sabiduría y decencia en el trato de las cosas buenas.

El malo que acepta su maldad y se muestra dispuesto a corregir las causas que lo llevaron a la aberración, y quiere enmendar su pasado reconociendo los hechos y decisiones pretéritas, asumiendo nuevos paradigmas: es en esencia un Ser Coherente, aún si esa congruencia sea vista como traición por quienes lo asocian al pasado, o sea vista con sospecha por quienes no lo conciben en una nueva forma de vida tan diferente.

La Coherencia se hará PRACTICA con los HECHOS. Y una vez los hechos se demuestran en el TIEMPO: nadie podría aseverar que ese sujeto mintió cuando era lo que fue en pasado, o miente ahora que es la nueva persona. No hubo engaño antes. No lo hay ahora. Hay CAMBIO: y el Hombre que no esté en grado de Cambiar…es un muerto.

Y yo estoy Vivo… hace ya 66 años ya. Y asumo toda mi existencia con sus vidas: porque en todo el recorrido he sido yo en medio del Cambio.

Así entro a mis 67 sin el peso de la perfección humana… que por ser ‘humana’ nunca existirá como perfección.

La paz de mi imperfección humana consiste y reposa en la incesante búsqueda de  la perfección del Espíritu… ese Espíritu que es lo divino habitándonos; aquella chispa de vida que nos vive y que es semejanza e imagen de un Dios Creador que nunca he visto con estos ojos carnales, pero que siento y palpito en cada célula y molécula de mi Ser.

Pero, declaro que en esta vida actual si he visto, he oído y he tocado al Cristo Vivo:  y esa locura me hace más libre que cualquier propuesta política que se invente en este Mundo.

Porque el Espíritu sí posee ojos, y oídos, y hace uso magistral de sentidos altamente refinados y diáfanos: y la unidad de todo nuestro Ser bajo el Gobierno del Espíritu es aquello que nos hace ver, oír, palpar y conocer al Dios Vivo que nos conducirá por el Camino del Retorno.

Ahora, no tengo pasado, ni futuro: porque la vida es un eterno presente.

 


ene 12 2019

PASADO

PASADO ¿Existe el pasado? ¿Para qué?

Mientras nuestro pasado esté sumergido en nebulosas, circundado de gruesos muros, encapsulado en algún recoveco de la memoria bien escondida: quizás no sea un problema consciente; pero de todos modos y seguramente desde su lejanía aparente nunca dejará de elevar su pulso influyente que definirá muchos aspectos en la vida de la persona, sin que ésta sepa con certeza de dónde provienen estos latidos que hunden sus pies por tierras fangosas…cada cierto tramo del andar.

Pero hacer del pasado la razón de cada día- sea por gloria y bienestar, sea por suplicio y mal- es una cobardía: pues ya lejos de la vivencia diaria y de los avatares de esa realidad pretérita, resulta cómodo y oportunista  persistir en rememorar hoy aquello que  nunca fue discernido con altura de mira:   para fabricar en los abismos de la psiquis realidades inexistentes que pululen a la sombra de un pasado parcial y bien elegido, que ahora es útil para no enfrentar la vida actual,  y no tomar decisiones que miren a la vejez y a la muerte cara a cara.

El pasado no puede ser un subterfugio, jamás una salida de escape, menos un túnel del tiempo que desciende a los abismos insondables.

Porque no hay pasado si aún vives la misma existencia. La vida entre el nacimiento y la muerte es todo un presente. Y la vida presente tiene etapas, tiempos, experiencias, momentos, desafíos, victorias, derrotas, oscuridad, luminosidad…CAMBIO. La vida es un constante cambio.

Considerar al tiempo como el factor que pasa por nosotros, y que es éste el que condiciona nuestra existencia, cumpliendo nosotros un simple rol de ‘victimas’ inconsultas o elementos inermes: es una ilusión.

En realidad, somos nosotros quienes pasamos por el Tiempo. Y son nuestros actos, obras y decisiones las que van determinando los movimientos y cambios  en el tiempo por el cual pasamos.

La ley que crea al Tiempo no cambia. Las condiciones del Tiempo se mueven.

El Tiempo es una ley determinada por Masa más Energía. Hay muchos tipos y cadencias de tiempo a según de la Masa más la Energía. Cada Mundo tendrá entonces ‘su Tiempo’, y su medida temporal.

Y el tiempo no son los años (que es una simple cuenta física según los giros de nuestro planeta en torno al sol), sino aquello que PASAMOS y VIVIMOS mientras vamos transitando brevemente por el Tiempo. Y tampoco el tiempo es nuestra vejez: que es consecuencia del agotamiento gradual de lo temporal que al pasar por el Tiempo va degradándose hasta su término. Ni la muerte marca el final del Tiempo: el cual no se afectará por nuestra presencia y pasaje, y desaparición

De acuerdo con esto: el pasado es nuestro presente que se consume caminando hacia la salida del Tiempo por el cual viajamos.

Los santos y sabios nos enseñan el arte de gobernar: y el Gobierno de Sí Mismo es el primer gran eslabón del arte de gobernar. Y lo primero entonces es: Gobernar el pasado para hacerlo un tesoro de una existencia única. Lo segundo: concebir ‘el Tiempo’ como una ley objetiva por la cual pasamos, envejecemos, enfermamos y morimos.

Para esto, nos iluminan los antiguos, debemos saber entender el Tiempo: pues asumiendo que somos nosotros quienes pasamos por sus leyes, y no al contrario, tendremos la Humildad para aceptar la realidad que conforman las vidas que poseemos en una existencia.

Porque ‘la realidad’ está hecha de vidas que unidas completan una existencia.

Aceptar y comprender la existencia en cada una de sus manifestaciones y realidades, nos permitirá entender la vida toda que nos hace ser aquello que somos. Es decir, no hay pasado: sino ‘otras vidas’; pero al hacer parte de la misma existencia – de la cual sí tenemos conciencia, recuerdos y memoria- en realidad ese pasado no ha pasado: sino que somos nosotros pasando por el Tiempo; viviendo nuestra temporalidad, según experiencias y vivencias que debemos saber ponderar para extraer de éstas el zumo y lo vital que nos dará la respuesta final…la flor de oro de nuestro existir: el sentido del camino y el propósito de pasar, la meta trascendente por lograr, y la clave para no arrastrar deudas y salir livianos por el umbral que llamamos muerte.

Enredarse con el pasado es una trampa en la que se cae por soberbia, por ira, por dolor, por miedo, y/o por culpa.

Petrificar lo pasado, y evadir o no considerar los cambios, y carecer de ‘sentido de realidad’ que permite entender el devenir de nuestro recorrido por el Tiempo: no nos hace ‘coherentes’…sino arcaicos y rígidos.

Evadir el pasado es anular parte esencial de la propia existencia: como eliminar vidas que dan consistencia a la existencia toda.

GOBERNAR el pasado es asumir las vidas que nos ha tocado vivir; y la sabiduría consiste en UNIR – hallando la columna vertebral- cada vida, o etapa de la existencia, a su razón profunda; y vernos a nosotros mismos en cada tramo, e ir mirando de frente cada fase de vida desde nuestra mayor madurez actual, con sincero espíritu crítico, haciéndonos la pregunta: ¿qué debo aprender? ¿Qué me enseña esta vida, esta experiencia, este hecho, estos momentos, etc.?

Somos discípulos de la Vida. Y como todo buen educando debemos ser Humildes en la aceptación de la existencia que recorremos.

Entonces hallaremos el ‘para qué’ de cada experiencia y vivencia: solamente si lo vivido es parte de nuestro hoy para hacernos más sabios y con mayor altura de mira, y con ello somos más misericordiosos con la existencia de otros: entonces habremos cumplido con una parte trascendente y vital de este paso por el Tiempo… entre el nacer y el morir.

Así como es en lo personal, así también es en lo social: nadie es alguien verdadero si se ha anquilosado en una parte de algo pasado, sin considerar los cambios ni los movimientos de la realidad: enrolarse a sí mismo en un ‘ismo’ derivado de hechos políticos de antaño  -que deben enseñarnos y del cual debemos aprender - es asumir sobre sí todo cuanto acontecido en ese pasado que agitamos,  y con ello hacemos propia la plena  responsabilidad que encierra dicho ‘ismo’ en el cual nos encarcelamos (comunismo, chavismo, fascismo, pinochetismo…o cualquier otro ‘ismo’.)

Y cuando la persona se mengua a si misma en ismos y auto calificaciones que debieran dar – supuestamente- firmeza a su persona: en realidad se está empequeñeciendo  hasta convertirse en una sombra que pierde su significado por evidente carencia de inteligencia:  al rechazar la ley del  Cambio a la cual todo lo temporal está sujeto; un Cambio que nos permite un pasar constante del cual debemos aprender para crecer.

Así como debemos emplear sabiduría en nosotros mismos, debemos aplicar sentido común y sentido de realidad en lo demás, como en la visión de la sociedad humana: sobre todo cuando hablamos de seres humanos. Porque en todo, siempre, estará siempre primero el valor de Ser Personas. Y una Persona es un Ser integro, completo, y no parcial o según la parte que queramos ver, o la fracción que pretendemos que otros ponderen de uno mismo.

Así también debemos vernos como Sociedad Humana: que posee un nacimiento y ha recorrido un camino, y ha pasado, y pasa, por el Tiempo; y debe aprender de esas vidas varias y variadas que conforman la existencia humana.

Y el pasado y la memoria ancestral es parte del hoy existencial que culminará el día en que ya no haya planeta, o el sol se apague, o nos exterminemos a nosotros mismos, o a Dios se le termine su infinita paciencia… que sólo los Hombres podemos agotar.

Nos hacemos un mal al remitirnos sin espíritu crítico al pasado, y desde éste- como suspendido en la concepción subjetiva del tiempo- pretender adquirir un presente que suene coherente. El pasado hará parte armoniosa del hoy solamente si el hoy es superior al pasado.

Así como nos hacemos daño al no saber Gobernar nuestro propio pasado… tampoco seremos seres inteligentes si nuestro pasado no nos enseña a no caer en los viejos barrancos de los cuales pudimos salir. Y seremos indignos y bazofias pasando por el Tiempo si siempre estuviésemos mirando al pasado para buscar la piedra conocida  para tropezarnos, y repetir- por opción y decisión-  las mismas atrocidades que ya un día nos hundieron en los infiernos.