¿Para qué nos sirve el Camino Espiritual?

Es un Camino porque se debe ‘andar’, transitar, recorrer. Es decir: vivir. Y toda vivencia es una experiencia sujeta a la ley de Acierto y Error. Y como en todo movimiento la onda de nuestros pasos va impulsando y dando forma a otra ley: de Causa y Efecto. En modo que a cada paso que damos tendremos una consecuencia a veces imperceptible, otras manifiestan y a veces de gran presencia.

Lo primero entonces: aceptar que la vida, precisamente por ser ‘vida’ está compuesta por leyes naturales que funcionan y actúan conozcámosla o no, aceptémosla o no. El acto de Sabiduría entonces es conocer estas leyes y aceptarlas como parte de tu Camino.

Parte fundamental de las leyes naturales que nos rigen es: El Tiempo. Este fenómeno existe en nuestra percepción de la realidad Micro, pero está ausente o cambia su fisonomía e intensidad bajo condiciones diferentes a las nuestras, en este mundo. El Tiempo: una sensación que se nos hace tangible por otra ley: la Impermanencia. Es decir: la materia no permanece en un estado estático; e independiente de su longevidad sí posee nacimiento y sí se mueve hacia su extinción, mutación o transformación.

El Tiempo y la Impermanencia entregan la ecuación psíquica y mental de ‘la medición temporal’. Cuenta de ‘años + envejecimiento’ del cuerpo señalan al Hombre su modo de ‘medición temporal’.

En concordancia con esta realidad asumida entendemos que somos andariegos de paso por una franja de tiempo entre nacimiento y muerte, – de acuerdo con ‘medición de espacio posible’ contabilizado según ‘tiempo artificial’ (años) y envejecimiento- , cuya puerta de salida será la muerte: que nos llevará a una nueva situación de existencia: (existencia según calidad y cualidad directamente proporcional a las prioridades y opciones claves que hemos emprendido en este breve paso por el Tiempo y la Carne).

Opción o negación: o aceptamos que cualquier pretensión de ‘seguridad permanente’, bajo las condiciones antes descritas, equivaldría a negación de la realidad Macro (un engaño); o aun sabiendo de cómo es lo objetivo que nos condiciona desde lo Macro simplemente negamos las evidencias e igualmente construimos teorías de dulce engaño que nos hagan danzar por las nieblas de la ilusión.

¿Qué es lo único permanente en nosotros? El Espíritu. Digamos que nuestra espiritualidad posee un Yin Yang interior que debemos armonizar. Fuego y Agua. El Agua es el Alma (psiquis-sentidos. Emocionalidad) y el Fuego es la partícula de Dios viviéndonos. Digamos que es el Chips Original de la Creación. Ambos factores juntos son como el software Macro que nos guiará hacia la ‘Trascendencia’. Y entendemos la ‘Trascendencia’ como aquello que ‘trasciende’ lo temporal, lo carnal, lo impermanente, y perdura más allá de este espacio-tiempo.
Del Fuego y del Agua en nosotros debe hacerse UNO: no ya un Alma por su cuenta y un Espíritu por la suya. Sino que Alma y Espíritu unidos, amalgamado y…UNO.

¿Qué nos asegura la mutación de la materia a lo permanente? ¿y qué nos conducirá a lo más alto de la creación posible? El Fuego. El Espíritu (Yang). La chispa original de la Creación. Dios En nosotros, nos puede elevar a puntos eternos. Entonces el Alma Agua debe fundirse con el Espíritu Fuego y solidificar a un ‘nuevo ser’: uno que nacerá de nuevo, y esta vez no por carne y materia en una franja temporal, sino por Espíritu UNICO en lo Atemporal y Macro.
Esta alquimia interior, esta unidad de creación, es el ‘Camino Espiritual’.

¿Y la mente? Existe la ‘mente natural’ y la ‘mente artificial’. La ‘mente natural’ se va afirmando y la vamos descubriendo solamente cuando iniciamos y avanzamos por la senda espiritual. Mientras que la ‘mente artificial’ es lo que más conocemos porque se nutre de factores culturales, de costumbres, de necesidades, de influencias externas, de estados emocionales que nos controlan o no se conocen, por inculcación de teorías y estudios, y por una gran reserva de ‘agregados psicológicos’: que son una especie de sumidero que se apilan en el subconsciente y que los Sabios antiguos identificaron como parte de los ‘estados latentes’.

El Camino Espiritual no debe ser enredado en las cosas de la mente artificial: la norma básica aconseja ir hacia la recuperación y potenciamiento de la mente natural. Porque al inicio la mente parece una sola, e incluso hay quienes le dan importancia vital y hasta ‘trascendente’, porque creen aquello de que para ‘existir hay que pensar’ o que ‘si no hay pensamiento no hay vida’. En realidad, el pensamiento existe como parte inherente a la vida, siempre. Pero la mente no necesariamente depende de la materia conocida o está sujeta exclusivamente al cuerpo físico.

La naturaleza y sus elementos poseen un fuerte aliciente para la mente natural. Un tiempo compenetrado en la naturaleza y sus elementos producen una fuerte disminución de la mente artificial. Por lo mismo es que las grandes urbes son profundamente anti naturales e incentivan el dominio de la mente artificial.

El cuerpo físico en el Camino Espiritual debe hallarse en la mayor armonía posible: y cada cuerpo funciona de acuerdo con una índole. Por lo mismo es que en la enseñanza de los antiguos sabios y santos no existían recetas para el cuerpo, porque la biología de cada uno responde a una índole específica y eso produce necesidades diferentes. Por ejemplo: si la Índole es la de un guerrero, su tipo de alimentación y de ejercicio corporal será una determinada para su acción y tipo de vida; si la índole es la de un santo, su cuerpo requerirá de otra fuente de nutrición y de costumbres idóneas. Según a lo que cada Ser ha venido a pasar por este Tiempo: es el cuidado que el cuerpo requiere. Conocerse a Si Mismo produce por resultado el adecuado cuidado del Cuerpo según la índole. Y precisamente la armonía con el cuerpo físico hará lo vital: que el cuerpo no sea lo principal, y por hallarse armonioso pasa desapercibido y funciona en unidad con el Camino Espiritual.

¿Debo creer en Dios para hacer mi Camino Espiritual? ‘Creer’ nunca será suficiente, y podría ser un engaño. Porque la creencia es algo manejable por la mente artificial y por necesidades mundanas, o por la parte oscura o subterránea de las emociones latentes.

Lo primero de lo que debe liberarse una persona que quiere avanzar sin escollos por el Camino Espiritual es de la Religión como cultura, costumbres, forma de pensar y modo de juzgarse a sí mismo y a los demás. Si acaso, el discernimiento y eventual opción por alguna religión debiera hacerse sólo después de haber recorrido el Camino Espiritual. Porque con los elementos que nos entrega la Vida Espiritual podemos discernir, y no solo entender o concordar. El Discernimiento como efecto de un avance y progreso Espiritual es la formula para observar el Mundo y Elegir en Sabiduría.

Pero ‘Dios’ no es un asunto de religiones. Es, si acaso, el factor que la religión usa, y pretende usufructuar, para colocarse cuan autoridad propia ante quienes carecen de vida espiritual y buscan dependencia religiosa que les cobije en la sensación de ‘pertenencia’ social que les produzca, a su vez, algún grado de identidad.

‘Dios’ no es un nombre: es una característica. Decir ‘Dios’ no precisa una identificación. Puedo decir ‘Mi Dios’ e identificar en mi interior a un demonio, a un ser superior de mi cultura, o un ancestro al que concedo poderes, etc. Como decir ‘Padre’ para especificar a un Creador: no quiere decir que esté tratando con un Ser de carne y hueso, o yo quizá crea que sí…algo así como un poderoso extra terrestre… Por lo mismo: las palabras no representan el estado interior de la persona. Decir Buda, no significa que entiendo lo mismo que otro budista hace y practica como consecuencia de esta hipotética creencia. Decir Cristo no une a todo el que lo proclama: puede haber tantos cristos como creencia hay en las personas que lo declaran. ¿Dónde está el punto que hace la diferencia? En la vida Espiritual.

Para iniciar mi Camino Espiritual acepto sí un factor divino: Mi Espíritu. Y puedo dar a tal elemento la forma que crea o mejor me sirva para identificarla, pero el contenido… y solo el contenido… irá llenando el espacio con la vivencia y la experiencia. Y eso, al final, será ‘mi realidad’.

Y para aceptar mi Espiritualidad ¿necesito Fe? Sí. Porque del momento que iniciamos una senda que será ‘una forma de vida’ basados en un Espíritu que sé que tengo pero que nunca he conocido… esto… es Fe. ¿Qué me haría desertar del Camino Espiritual? Una Fe débil.

¿Cómo debo pararme ante Dios, entonces? Con un acto de humildad que acepte a Dios tal como ES, sin inventar nada, ni buscar nada, ni pretender nada, ni siquiera imaginar nada…y dispuestos a aceptar al Dios que Es, tal cual Es. Como el niño o niña que va en búsqueda de su padre desconocido e inocentemente ‘quiere a su padre’ sin condiciones previas ni petitorio antepuesto.

¿Y puedo emprender Mi Camino Espiritual teniendo ya una opción de Fe por una forma de Dios que tenemos identificada? Por ejemplo: sigo al Buda y su enseñanza. O Sigo a Cristo y su evangelio. O sigo al Krisna y su legado espiritual.

Los Tres dioses que toda sabiduría de santos y sabios reconoce sí pudiere ser un punto de partida y una base primordial para iniciar, transitar y vivir el Camino Espiritual. Pero es de Sabiduría entender la gradualidad de las tres intervenciones celestiales en la historia conocida del Hombre actual. La presencia de Krisna en época y lugar para un Plan de Elevación del Hombre sin Espiritualidad y sin Sabiduría, cuya gran obra consiste en dar la Conciencia de Persona a una ‘monada’ que no se identificaba a sí misma en su potencial humano superior. La obra sabia y paciente del Buda que sigue el Plan de su antecesor mostrando los caminos del Alma que debía asumir la urgencia de su unidad con un Espíritu que se hallaba encarcelado, y que para acceder a su tesoro espiritual debía el Hombre tomar conciencia gradual en camino al ‘nirvana’, y asumir que la muerte era su punto no resuelto… sin el cual no podría elevar su calidad de Persona hasta convertirse en Buda. Y será el Cristo, el mayor de los Elohim, la divinidad encarnada que trae al Hombre la Elevación definitiva que vence a la muerte, fija la potestad del Espíritu en la persona y abre las instancias celestiales en un Plan de Salvación que prepara a los Hombres para recuperar su calidad de dioses.
Y si en el Cristo tenemos el resumen del Plan: lo natural y sabio es tomar a Cristo como a la divinidad que nos guiará al punto más alto de lo permanente e inmortal.

Pero para entender esta realidad Macro: debemos liberarnos de las religiones y sus dogmas, y no podemos enfrentarnos a la realidad de los Tres Dioses bajo la mirada de los esquemas culturales y sectarios de este Mundo. Y si no estamos en condiciones de sacudirnos de estos lastres de la mente artificial: optemos por ceñirnos a la Fe en nuestro Espíritu y dejemos que el Camino nos lleve al Encuentro con la divinidad que nuestra Índole requiere, y le es natural.
Y si ya hemos optado, por Fe, no por cultura y costumbre religiosa, sino por Fe y Convicción, que Cristo es nuestro Dios, y quién nos conducirá al Creador, al Origen…al Padre… no aplicaremos las formas inculcadas por la religión- y menos lo eclesiástico- a nuestra practica espiritual.
Sea quién sea, de los tres Dioses, el punto de Fe que llama a tu interior: siempre recorre el Camino desde el Espíritu.

Cuando tenemos ya una referencia de Fe definida solemos abandonar lo Espiritual para ir acomodándonos a lo religioso, a lo eclesiástico y finalmente vamos entregando a la divinidad toda la potestad de nosotros mismos: ‘hágase tu voluntad’ deja de ser una disposición interior de unidad con Dios, y pasa a ser una dependencia enfermiza que entrega a la divinidad lo que el mismo Dios nos entrega para llegar a Él en Conciencia: la Libertad.

El Camino del Espíritu no es una alternativa u otra posibilidad: es la única senda de vida que nos permitirá superar lo terrenal para alcanzar el Camino Medio; y desde tal nivel y altura conocer a Dios, tener nuestro encuentro con la divinidad, y saber exactamente quienes somos y hacia dónde debemos ir para superar este Tiempo de Ilusión. Entonces, llegando a la cima, la Verdad nos hará realmente libres. Porque mientras no lleguemos a tal altura: nunca seremos libres, y viviremos en la engañosa sensación de la libertad de los esclavos.

¿Cuáles son los enemigos acérrimos de nuestra espiritualidad? Todos los que queramos. Porque nosotros mismos construimos y alimentamos a nuestros propios enemigos.

Entonces reconozcamos otra ley: la vida toda se construye y se basa en base a dos grandes reinados: la Luz y la Oscuridad. La forma de la Luz y las maneras y modos de lo Oscuro son dos polos actuando diametralmente opuestos. Digamos en forma simple: el Luz actúa por núcleos (corpúsculos o cuerpos) y su manera de consolidar su reinado es por ‘expansión’ mediante la gradualidad de conversión de Lo Oscuro hasta hacer de sus partículas una forma de luz, y parte integrante de su proceso acumulativo. Mientras que Lo Oscuro domina por restricción: produciendo implosiones que extienden su fuerza como una red que no deja espacio para su contrario.

Nosotros somos Luz y Oscuridad. Tenemos ambos factores. Podemos nuclear los elementos según un orden natural y con ello expandir nuestra Conciencia y dar vida a otra forma superior de persona. O podemos restringirnos hacia el desorden y buscar la implosión que nos disipe en muchas capas de existencia de las cuales nunca seremos del todo conscientes.

El Camino Espiritual es el camino de la Luz, y por la Luz vamos transformado la oscuridad que tenemos y de la que hacemos parte. No luchamos en contra de Lo Oscuro: lo transformamos yendo directo a la Luz.
Cuando Lo Oscuro domina: se cae en el dominio de las Tinieblas. Lo Tenebroso es el principado incontrastable de Lo Oscuro carente completamente de Luz. En el hombre es: un Ser sin Espíritu, con total negación de su Espíritu y opción por la forma de hacer de Lo Oscuro. Tal principado dominante conlleva a Lo Tenebroso.

¿Cuál será entonces el mayor impedimento para nuestro Camino Espiritual? Nuestra propia opción. Si no es firme y clara, y no tiene en consideración los modos de proceder de la Luz y su diferencia con los de Lo Oscuro… se caerá en la confusión y el desgano.

¿Cómo identificar Lo Oscuro que sutilmente merma mi Camino hacia la Luz? Teniendo bajo vigilancia dos factores, que son ilusiones de gran poder: el Ego y el Individualismo.

El Ego es la sombra (oscura)- el reflejo- de la verdadera persona. Pero como la persona no se conoce a sí misma: cree que su sombra es él o ella mismo-a. Y si la sombra es tomada demasiada en consideración: ésta cree que es persona y comienza a asumir el poder y ejercer su tiranía hasta someter a la verdadera persona, y transformarla en su títere. Así el Ego se alimenta de la adulación, de la auto-realización, de la necesidad del conocimiento o saber siempre algo que lance señales de vigencia…o tener, o adquirir, o hacer…de todos modos nutrirse de elementos que no lo hagan pasar desapercibido y de paso aumente la sensación de estar haciendo algo por uno mismo que, a su vez, distraiga la atención sobre lo realmente importante, e identificarse en algún espejo común que lo integre, o cuidar en extremo su apariencia para auto observarse en la vanidad; y considera- el Ego-sustancial lo mundano porque es el mayor espejo para auto valorarse y sentirse integrado con el debido reconocimiento…porque sin reconocimiento de otros el Ego se desespera y sienta que no existe.
El Individualismo es una patología de la mente artificial, y de un Alma oscura que camina hacia las Tinieblas. No es lo mismo que el Ego: porque el Ego depende del Mundo, y se nutre de muchos factores de los cuales no puede prescindir. Mientras que el Individualismo es un acto de suma rebelión que parte de un juicio unilateral: yo soy el superior, el resto es comparsa que me debe servir de algún modo. Yo juzgo y sentencio: nadie puede juzgarme a mí y menos fijar sentencias. Es auto suficiente. Intelectualmente es un avaro que no comparte lo que sabe y usa su conocimiento para el dominio de su entorno o fijar niveles de autoridad y dependencia de otros hacia su persona. Todo lo es útil para sí mismo: pero nunca dará nada a los demás; y para su mezquindad exigirá todo lo posible de otros; y ante algo que considere un tesoro: se torna adulador, y juega con las apariencias para hacerse de lo que considera importante. Es esencialmente violento, abusador y despótico. Pero como su individualidad es todo: nada hará para dañarse a si mismo y sabrá encubrir su estado de iracundia para sobrevivir sin penurias. Porque el individualista es un ser en permanente estado de Ira.

En el Camino Espiritual el Ego es una sombra que extravía a la persona por vías de ilusión y fantasía. Mientras que el individualismo nunca elegirá el Camino Espiritual, a no ser que vea en sus formas algo útil para su bien estar, o algún conocimiento que lo haga brillar para ejercer autoridad en ámbitos que lo conduzcan a dominar a otros.

Los Tres Dioses ponen un tope: SERVIR A LOS DEMAS…Enseñar lo que se vive… nunca permitir que otros se pierdan si uno tiene las herramientas para salvar y orientar. Y advierten: Sabiduría es enseñar lo divino y espiritual, pero bajo dos condiciones fundamentales: a) nunca entregar la perla espiritual a los cerdos y carroñas (egotistas e individualistas, por ejemplo- mundanos, etc.) b) y nunca hacer de la enseñanza y la guía un factor de posesión sobre los demás.

Y para guiar al que entrega y sirve hay dos indicaciones: a) repetirás tres veces la misma enseñanza dejando entre cada una un tiempo de experiencia y recorrido para que la persona que recibe ponga por acción y vivencia lo recibido; b) si no hay acción y praxis, sin vivencia, no se debe enseñar nada más, ni nada nuevo, y si acaso se deberá comenzar a enseñar desde el comienzo, como si nunca hubiera comenzado.

Y si el discípulo pretende saber más el maestro: éste lo deja solo por un tiempo hasta que madure en su porfía. Pero el buen maestro nunca cierra las puertas, y jamás se enoja con quienes nutre, y sabe que aun en la diferencia, incluso en el litigio- de los otros-, y en la separación no hay nada estrictamente personal: porque no hay Ego en el servidor del Cielo, y el sabio asume que  los Hombres no saben lo que hacen hasta que no llegan a la plena Conciencia de lo que realmente Son. Por lo mismo el sabio vive el perdón como parte intrínseca de su obra de bien.

Porque lo primero que debe enseñar la buena maestría: es el Arrepentimiento y el Perdón, sin los cuales no habrá jamás un Camino Espiritual limpio. Imprescindible es tener elementos de purificación en el Camino del Espíritu. Y estos factores vitales son el Arrepentimiento y el Perdón.

Por último, un gran propósito: busque cada discípulo del Camino Espiritual una Ley de Vida sustantiva: La Ley de Resurrección.

¡Buen Andar, y no teman a recorrer este Camino a la Libertad!

 


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